PERDER LA JUVENTUD

  Con apenas diez años estrenó aquella bicicleta de un solo plato y tres coronas. Empezó dando vueltas a la manzana de su barrio por simple diversión, aunque al poco tiempo, aquel juego se había convertido en una verdadera necesidad obsesiva. Ya no podía concebir un día sin recorrer aquellas calles dándole a los pedales y a toda velocidad. Aconsejado por algún amigo, se apuntó a la escuela de ciclismo más cercana, y quedó atrapado para siempre en las redes de este singular deporte. El tiempo pasó, las carreras y las categorías iban quedándose atrás. Sacrificó sus mejores años, los de la adolescencia, a cambio de seguir progresando, de seguir aprendiendo el oficio. Muchas horas de entrenamiento, muchos kilómetros de coche junto a la familia, muchos fines de semana de carreras, nada de fiestas, nada de excesos, nada de diversión. Compaginar estudios con una disciplina deportiva como el ciclismo es muy duro e implica tener que estudiar de madrugada para poder entrenar por las tardes, además de la coincidencia de muchos exámenes con competiciones importantes. Pasó el tiempo, los buenos resultados le seguían acompañando, y un día, tuvo que tomar una determinación muy importante, aparcar todo para poder dedicarse de lleno a la bicicleta. Eso implicó aún más sacrificio de la familia, más horas de preparación, y todavía menos tiempo para el jolgorio y el entretenimiento. Una juventud completamente entregada al ciclismo. Después de prácticamente quince años de trabajo, cuando ya casi había perdido la esperanza, le llegó la oportunidad que tanto añoraba, la hora de ser profesional. Todo el esfuerzo realizado durante este tiempo había dado sus frutos, y era el momento de disfrutar de lo aprendido. Pero pronto se percató de que la que hasta entonces había sido su gran pasión, se convirtió de repente en una profesión inhumana, llena de intereses económicos y publicitarios. Un espectáculo de masas del que todos querían ser parte y al que él tampoco pudo, ni quiso renunciar… “Perdemos la juventud el día que aceptemos que esto es lo que hay, que siempre ha sido así y que no se puede hacer nada para cambiarlo. Perdemos la juventud el día que miramos alrededor y sólo vemos lo que puede verse; el día que alargamos la mano y sólo tocamos lo que puede tocarse; el día que se nos despierte el sentido práctico y entramos en el juego y aceptamos las reglas”. (Jesús Quintero).

One comment

  1. Jaime

    Aún hoy a mi me hubiese gustado ser ciclista
    profesional y creo que siempre querré haberlo sido.
    En la época en la que tú corrías en la Once yo grababa
    en cintas de VHS todas las carreras que retransmitían
    en la tele. Esas cintas junto a un montón de revistas
    de ciclismo siguen siendo una especie de “santuario”
    en mi habitación en casa de mis padres y un palacio
    en mi memoria.
    Creo recordar (no estoy seguro) que protagonizaste
    una de las escapadas en solitario más largas de la
    Milán-San Remo.
    Mi admiración por todos aquellos que conseguisteis
    llegar a profesionales independientemente de la
    trayectoria que luego tuvisteis, muy especialmente
    para quienes pese a haber conocido los desencantos
    del profesionalismo seguís viviendo el ciclismo con
    pasión.

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