ME HICE DAÑO.

El pasado domingo pedaleé y terminé por los pelos mi tercera marcha cicloturista Purito Andorra. Eso sí, en la “corta”, de 80 kms y 3500 metros de desnivel acumulado Lo cierto es que cuando uno va camino de cumplir 50 años y lleva 40 encima de una bicicleta, sabe de sobra como son las cosas cuando se trata de pedalear. Los años y el sufrimiento acumulado te van dando ese puntito de visionario que te permite predecir las cosas antes de que sucedan, hablando siempre en lo que a dar pedales se refiere, y sabía perfectamente que la cosa no iba a ser fácil. Fue una semana muy complicada de trabajo con reuniones en Alicante el miércoles, en Sevilla el jueves y el viaje a Andorra el viernes, con toda la acumulación de kilómetros de coche que eso supone. El sábado, día anterior a la marcha, estuvimos todo el team de La Bicicleta Café Castellón en el stand que montamos en la feria de la Purito desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche. Comiendo de bocata y cenando de pizza, sin embargo en ningún momento me planteé no participar en la marcha. Después de estar toda la noche lloviendo a mares, el día amaneció fresco y gris. Pero cuando el despertador sonó antes de las siete no miré por la ventana por si acaso. Salí de hotel con el chubasquero puesto y me presenté en la salida con el culo mojado por los charcos y las primeras dudas rondando mi mente. A mitad del primer puerto (La Rabassa), empezó a diluviar. Mis compañeros de ritmo Egoi y Jon, se dieron la vuelta por sendos catarros y eso me supuso el primer esfuerzo extra. Tenía a un par de centenares de metros a dos ex compañeros míos de la ONCE, Laurent Jalabert y José María Ahedo. Aceleré mi ritmo hasta que les cogí a falta de 3 kms para el alto. Pequeños esfuerzos que se van acumulando sin darte cuenta y que a la postre pasan factura. Después de una bajada tranquila empezamos la subida a su alteza “La Gallina”. El típico puerto que por más que conozcas, y por más que pretendas subir despacio te acaba matando. Desde el inicio me decidí levantar el pie y subir muy tranquilo, pero esos porcentajes pasan factura a cualquier velocidad. En la cima, bebí, avituallé, estiré…. pero para entonces ya sabía que si quería terminar esa marcha, tendría que hacerme mucho daño. Toda mi vida he sufrido de calambres. Puede que mis lesiones en las arterias ilíacas hayan tenido algo que ver, pero lo cierto es que he tenido que aprender a aceptar que esos bocados repentinos y extremadamente dolorosos siempre viajan conmigo. A partir de La Gallina, supe de iba a tener que hacer verdaderos malabares para pedalear con sutileza y sin hacer movimientos bruscos ni cambios de desarrollo repentinos. Cada vez que pretendía ponerme de pie sobre los pedales para relanzar o para descansar mis lumbares, lo tenía que hacer a cámara lenta y arriesgando nuevos bocados inesperados en cualquier zona de mis extremidades inferiores. Salvé La Comella como pude. Bebí, avituallé y estiré en la cima… Pero ya me estaba haciendo daño y sabía que el último puerto sería un infierno. Los que conocéis Andorra, sabéis de sobra que el tramo que va desde la bajada de la Comella al inicio de Cortals d’Encamp, no es nada fácil y ese falso llano continuado fue suficiente para convertir a los calambres en algo creciente y prácticamente insoportable. El inicio de Cortals es terrorífico. Porcentajes elevados y sin descansos, junto a una carretera ancha que te da la frustrante sensación de no avanzar. Logré salvar los 3 primeros, pero en una curva a izquierda las piernas dijeron basta y se convirtieron en dos palos de roble recién cortado. Me detuve, baje de la bici e intenté quedarme erguido. Las piernas no respondían y mi cabeza tampoco. Faltaban apenas 7 kilómetros para llegar a la cima, pero no había manera de conseguirlo… Entonces, mi mente cansada y dolorida me indicó el camino hacia el hotel. Me subí como pude a mi bici, y empecé la bajada hacia la derrota, una vez más… y han sido muchas. Bajé varios centenares de metros sin ni siquiera poder meter los pies en los pedales, hasta que de repente, los músculos se soltaron. Noté como mi cuerpo me daba una nueva oportunidad e inmediatamente mi cabeza hizo “clic” y me obligó a dar la vuelta de nuevo. Giré, metí el 28 que era lo máximo que llevaba atrás y de ahí hasta arriba muy muy despacio. Conseguí llegar, conseguí terminar, pero haciéndome mucho daño. Mi reflexión final es fácil de comprender. Sabía que no estaba preparado para afrontar la marcha, y posiblemente ese fuera el error principal. Pero una vez la has cagado, lo que no puedes es rendirte porque eso es un doble error. El primero por pretender hacer algo para lo que no estás preparado y el segundo rendirte cuando la cosa se pone mal. No hubiera pasado absolutamente nada si me voy para el hotel. Pero en mi interior hubiera sido una derrota. De esta manera, soy todo yo una agujeta andante desde el lunes pasado, pero tengo la satisfacción de haber aprendido la lección. La vida me ha recordado que nada es fácil, que no te regalan nada y que equivocarse es aprender, pero sólo si reconoces el error y si luchas hasta el final. Me hice daño sabiendo que me lo iba a hacer, pero logré lo que pretendía. Recordar que la vida no es fácil y que la satisfacción personal de no haberme rendido compensa todo lo demás. Perdón por el ladrillazo, pero me apetecía compartir esto.

11 comments

  1. Jose

    Al leerte se me ha puesto la piel
    de Gallina… nunca mejor dicho.
    Yo era uno de los que estuvo en
    vuestro stand el sábado con cara
    de preocupación y pocos amigos.
    Pase por fases muy parecidas
    durante la carrera, la retirada de
    mucha gente en la Rabassa que
    me preocupo, sufrir la Gallina… y
    sobretodo destrozarme los
    riñones en Cortals.
    Pero sobretodo gracias por poner
    palabras al sentimiento de coraje
    y responsabilidad al afrontar
    algo que me va grande, pero que
    por nada del mundo quiero
    perderme.

    Fue durísimo pero maravilloso

  2. Abraham

    Te leo y me acuerdo de “mi
    purito 2016”. Llegué más fuerte
    que nunca pero algo falló…y
    lloré de impotencia a 1km de
    meta cuando veía lo que me
    quedaba y no sabía si iba a
    poder llegar, porque todos los
    músculos de mis piernas eran
    un calambre continuo. Estuve a
    punto pero no me rendí
    (aunque no soy partidario del
    esfuerzo extremo ni del “a toda
    costa”). Volveré para cobrarme
    lo que esa marcha me debe.

  3. José Luis

    Muy bien Kiko, no se puede
    resumir mejor la experiencia del
    domingo. Lo hiciste
    estupendamente, no te rendiste
    a pesar de las adversidades. Te vi
    cuando los calambres y puedo
    asegurar que tiene un gran
    mérito llegar desde la Comella
    hasta Els Cortals con calambres.
    Enhorabuena por tu pundonor.

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