THE ROLLING STONES

Hace unas semanas quedé perplejo al oír en un programa de televisión como un reciente estudio científico, demostraba que entre dos seres humanos del planeta elegidos al azar, nunca había más de seis lazos de separación. Es decir, que por ejemplo entre Luis Serrano Felip, fundador de La Bicicleta Café y Jennifer Lopez, hay como máximo 6 personas cuyos parentescos podrían interrelacionar directamente a Luisete con la exuberante cantante norteamericana. Pues bien, El destino ha querido que yo mismo pudiera dar fe de ese estudio, y por increíble que os parezca, comprobar como entre los Rolling Stones y mi persona, solamente había 3 escalones. La semana pasada me desplacé por trabajo a la Paris Niza. Todo transcurría dentro de la rutina habitual, hasta que mi jefe, que reside en Paris, me llamó por teléfono para invitarme a cenar la noche anterior al prólogo. Quería presentarme a un buen amigo fanático del ciclismo. Acudí a la cena sin mayor aspiración que distraer con cuatro historietas creíbles al convidado, e irme a la cama con dos buenas copas de vino en el cuerpo, pero esta vez, la cosa no sería como la había imaginado. Su nombre era Alan Dunn , un hombre que rozaba los sesenta, muy alto, con barba fina y bien recortada, y una educación exquisita. Cuando después de uno de esos interminables silencios que de vez en cuando se interponen con mala leche en una conversación, se me ocurrió preguntarle a que se dedicaba, quedé completamente absorto por su respuesta. No era ni más ni menos, que el responsable de las giras de los Rolling Stones. Desde hace 40 años, es quién se ocupa de todos los conciertos de sus satánicas majestades. La conversación, como podéis imaginar, cambió de tercio y no pude evitar acribillarle a preguntas, aunque como su fanatismo por el ciclismo casi sobrepasaba el mío por la mítica banda británica, en cuanto le prometí intentar colocarle en un coche de equipo durante el prólogo, y seguir a algún corredor, su talante todavía se volvió más amable, y comenzó a relatarme anécdotas inconfesables del grupo. Al día siguiente, hablé con Josean Matxin, a quien agradezco sinceramente que se brindara a llevarle en el coche de Saunier Duval. Allan, disfruto como un enano siguiendo a Tino Zaballa, que a la postre fue de los mejores de la crono, y yo, como siempre, seguí mi ruta, llevándome en la maleta la amistad de alguien que lleva cuatro décadas currando con el grupo de rock más legendario de la historia de la música.

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