COSAS DEL DESTINO

Para un agnóstico como yo, resulta realmente difícil encontrar una explicación a lo que a continuación voy a contar, pero os aseguro que es real como la vida misma.

Transcurría la primavera de 1992. Se acercaba la gran cita para la que llevábamos sacrificando los últimos años de nuestras vidas. Entrenamientos durísimos, concentraciones interminables y un montón de sacrificios personales. Todo con un único fin: llegar a los Juegos Olímpicos de Barcelona en óptimas condiciones. La temporada transcurría con aparente normalidad, hasta que llegó ese inolvidable 31 de mayo. Como parte de la preparación, un equipo formado por ciclistas de las selecciones nacionales de pista y carretera participó en la vuelta a Sedaví (o vuelta a la comunidad Valenciana Amateur), que por aquel entonces era internacional. Tanto Daniel Clavero como yo, formábamos parte de esa escuadra mixta, pero sin otra intención que la de retirarnos después de tres etapas para poder participar, un día más tarde y junto con el resto de la selección nacional de ruta, en la Clásica de Alcobendas (con profesionales). El problema surgió cuando durante la segunda etapa conseguí coger la escapada buena (un corte de 8 corredores), ya que en caso llegar a meta con ellos me vestía de líder. Ginés Garcia, técnico murciano que por aquel entonces ejercía de ayudante del seleccionador Guennadi Gorounov en la selección nacional, me dijo con enorme cabreo a falta de diez kilómetros para meta:“ Kiko, si te pones de líder no puedes retirarte mañana”. Vaya papelón tenía ante mi. Por un lado tenía una gran oportunidad de visterme de amarillo en una vuelta de las más prestigiosas del campo amateur, pero también era una ocasión única de poder disputar una carrera importante junto a los profesionales. Faltando apenas 5 kilómetros para el final de etapa nuestra ventaja con respecto al pelotón era superior a los dos minutos, con lo cual íbamos a llegar seguro, así que decidí ir a por todas y disputar esa etapa. De repente llegamos a un cruce, giramos a la izquierda, luego a la derecha, y de nuevo a la izquierda, cuando un par de minutos más tarde, sorpresa… el pelotón venía de frente a nosotros. Un inexplicable despiste de la Guardia Civil hizo que se tuviera que anular la etapa. Se me había escapado una ocasión única. Al día siguiente,con la moral por los suelos, montamos una pantomima bien estudiada simulando una avería, con varios cambios de bicicleta incluidos. Mi amigo Dani me esperó, pero nunca “pudimos” volver a entrar en el pelotón. Optamos por el premeditado y planificado abandono. Cogimos el coche que ya teníamos estratégicamente ubicado y nos fuimos pitando para Madrid.

Apenas 24 horas después y tras resistir a duras penas un descomunal ataque en el último kilómetro del tristemente desaparecido Nestor Mora, lograba mi primera victoria en un carrera de profesionales. Cosas del destino…

Kiko Garcia.

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